Crónica III Carrera Ciclomaster Siruela – 24 enero 2016

Estreno la temporada, la segunda en el MTBikers de Logrosán, con la marca “Titán Xtrem”, este año con Skoda como patrocinador principal y lo hago con el propósito que me marqué al finalizar 2015, dedicarle más kilómetros y dedicación a la carretera y dejar (un poco) de lado la montaña, aunque sin abandonarla del todo. Por delante quedan retos importantes como la Titán de Hornachos (Desafío de la Magrera) y la Madrid Extrema (Una etapa BTT y otra carretera).

Además, este año me he propuesto correr todo lo que pueda, sin importarme quien esté en la lista de salida. Una cosa que sí mantengo es la de no correr circuitadas.

El caso es que este domingo 24 de enero empiezó el 2016, en cuanto a lo que al ciclismo se refiere, en la localidad de la Sibera extremeña de Siruela, con una competición máster que cumplía su 3ª edición, señal de que se está afianzando en el calendario ciclista.

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Y allí nos presentamos para tomar la salida en esta prueba y ver las condiciones en las que me encuentro, sin más interés y pretensión que el intentar llegar lo más lejos posible dentro del pelotón y tomar ritmo de competición que sirva para futuros objetivos.

Tras recoger el dorsal, preparar bici, ropa (de corto con manguitos, que hacía bastante calor, para estar en enero) y avituallamientos (botes, geles, etc) todo con la inestimable ayuda de Almudena (gracias, de nuevo, por acompañarme), me dispuse a hacer el calentamiento, intentando seguir, al pie de la letra, lo marcado por mi entrenador, Ángel Denche. Rodaje de intensidad media, con progresiones largas, para llegar a tono a la salida.

Salida que se dio, de manera puntual a las 11 de la mañana, con un tramo neutralizado, dirección Tamurejo, pueblo fronterizo con la provincia de Ciudad Real. El ritmo, el habitual en este tipo de carreras, continuos cambios de ritmo debido a los sucesivos ataques en la cabeza, pero con una alta velocidad. Quizá el moderado viento de cara hizo que no se hiciera ningún corte importante en los primeros kilómetros. Desde la parte media del pelotón, donde preferí quedarme, se veían las intentonas pero, como digo, sin éxito.

En esas, ya en terreno castellano manchego, comienza la primera dificultad seria de la carrera, la subida a Agudo por la N502 y la consigo pasar, aunque con alguna dificultad. En esas alturas, estaba en la parte trasera del pelotón y había gente que se estaba cortando delante mía. Eso me obligaba a cerrar huecos y gastar más de lo previsto, llevando sólo unos 20kms. Según los datos de Strava, subí a unos 28.4kms/h de media.

Poco después, y sin descanso comenzamos el primer puerto largo del día, el Puerto del Rayo, donde acusé el esfuerzo anterior y la tensión del pelotón de los primeros kilómetros. Intento agarrarme como puedo a la parte trasera del grupo, en un descansillo, incluso avanzo posiciones, pero más adelante, se rompe todo y Enrique que se queda, respiro hondo, intento poner mi marcheta y a subir como pueda. Adelanto gente, otros de pasan y veo que Luis Ignacio Barril está con un compañero ayudándole a pasar el puerto. Me uno a ellos e incluso intento echar un mano al ver que bajan el ritmo. Nada, se me van también y me quedo solo en la parte final, donde veía que también estaban ya los máster 50 y 60.

Alcanzo a Agustín Hinchado (M60), que se había quedado también y tiro de él el resto del puerto y la bajada, hasta que llegamos a Chillón, donde nos alcanza otro corredor, con la equipación del BMC (Blanca y negra) y me ayuda a dar los relevos. Relevos tan fuertes que no aguanto al principio, me quedo un poco, pero recupero bien y vuelvo a llegar a su altura.

Poco a poco vamos viendo que hay un grupito de 5-6 corredores no muy lejos. Entre ellos estaba el compañero de Luis Ignacio, que se había quedado ya de él, y Agustín Hinchado hijo, que corre en Master30.

Llegamos a su altura y nos organizamos para dar relevos, a ver si pillamos más grupos por delante. Al principio un poco desordenados, pero al poco dábamos los relevos de manera fácil y rápida. Eso sí, sólo 4 de los 8 que iríamos en el grupo.

A esto que llegamos al puerto largo, de unos 6kms, con un descansillo en el medio. Mi idea era, dado que los relevos los había ido dando sin problemas, ir con los demás, sin tirar más de la cuenta, pero sin descolgarme. Y nada más empezar las primeras rampas de aproximación, amago de calambre en el bíceps femoral derecho… a reservar fuerzas, hidratarme, tomar algún gel y bajar ritmo. Eso hace que se me vayan unos 10-20mts, a veces más, a veces menos. Dos o tres marcaban el ritmo, y otros íbamos haciendo la goma.

Desde abajo del puerto se podía ver toda la carretera de subida y era espectacular cómo se veía el pelotón partido el mil pedazos, corredores por toda la montaña…

Coronamos y pronto llego a la altura del resto de compañeros. Nos volvemos a organizar para dar relevos, igual que antes, sólo unos pocos, y pronto nos encontramos en la carretera de circunvalación de Siruela: “Esto está hecho”

Y nada más lejos de la realidad. En esa carretera, tomo una rotonda por la parte izquierda y en un resalto me da un calambre fuerte en la pierna derecha. Tremendo, no puedo ni pedalear, lo hago con la pierna izquierda, pero en otro resalto, me da también en la otra y me tengo que bajar de la bici como puedo, me tiro al suelo e intento estirar. Un dolor punzante, intenso… horrible.

A eso que llega la ambulancia y el sanitario que iba en ella, me ayuda a hacer los estiramientos y a ponerme de pie, mientras que su ayudante me echa un poco de “Reflex”.

Consigo subirme a la bici y hacer el kilómetro y medio que me quedaba hasta la meta.

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Sin duda una prueba intensa y que me servirán para ir poniendo a tono el estado físico para lo que queda de temporada, que no ha hecho más que empezar.

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La próxima, en Mérida, este mismo domingo, 31 de enero.